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Software de gestión de clientes: por qué ahora sí compensa el tuyo

Pasamos de dos CRM a uno, de uno a open source y de ahí al nuestro. Qué nos costó cada salto, qué miramos antes de decidir y a quién no se lo recomendamos.

La misma información de un cliente en tres sitios a la vez: un presupuesto impreso en la mano, un cuaderno con notas escritas a mano y una ficha abierta en el portátil.

Teníamos dos CRM. Uno tiraba más a marketing, el otro más a ventas, y los dos tenían al mismo cliente con fichas distintas. Cuando alguien preguntaba por una cuenta, la respuesta dependía de en cuál mirases.

Así que hicimos lo que hace todo el mundo: centralizar en uno. Y ese uno acabó siendo mediocre en todo. Bueno para marketing comparado con el de ventas, malo comparado con el de marketing. Después probamos uno de código abierto. Y al final construimos el nuestro, unido al backoffice de la empresa.

Contamos el recorrido entero porque la conclusión a la que llegamos contradice lo que casi todo el mundo da por supuesto, incluidos nosotros hasta hace poco: que construir un CRM es impensable.

Las cuatro etapas del cliente, de contacto a factura. Con dos CRM se cubren las dos primeras y las otras dos no están en ninguno. Con una suite se unifican las dos primeras. Con un sistema propio se cubren las cuatro.
Lo que cambia en el tercer salto no son las funcionalidades, es hasta dónde llega la fila.

Lo primero que conviene mirar, y casi nadie mira

La pregunta con la que suele empezar esta decisión es cuál comprar. Es la pregunta equivocada, o al menos no es la primera.

La primera es dónde vive hoy el dato de un cliente vuestro, de principio a fin. Desde que llega el formulario hasta que se emite la última factura. Hacedlo con un cliente real, en una hoja, ahora mismo. En casi todas las empresas con las que hemos trabajado, incluida la nuestra, ese recorrido atraviesa entre tres y seis sistemas, y en ninguno está entero.

Eso no es un problema de orden. Es el problema, y por un motivo que hace tres años no existía.

Por qué esto importa hoy más que hace tres años

Vamos hacia un sitio donde lo que va a decidir si la IA os sirve para algo es si tiene contexto suficiente para prescribir y para actuar. No para redactar un correo: para decir qué cuenta conviene tocar esta semana, con qué argumento y por qué.

Ese contexto es, literalmente, el dato del cliente completo: qué pidió, qué se le ofertó, qué se le entregó, qué incidencias tuvo, qué se le facturó y qué pasó después.

Si esa capa está partida entre tres herramientas que ni siquiera coinciden en a quién están describiendo, no hay modelo que lo arregle. Podéis conectar la IA más capaz del mercado a un CRM que solo conoce el tercio comercial de la relación y seguirá sin poder prescribir nada que valga, porque le falta la mitad de la historia.

Por eso la conversación sobre CRM ha dejado de ser sobre funcionalidades y embudos. Hoy es sobre si vuestros datos están estructurados y accesibles. Es la capa de abajo, es aburrida y es la que manda.

Qué significa, en concreto, que el dato esté limpio

«Accesible» se dice mucho y se concreta poco. Lo que hay que mirar son cinco cosas, y ninguna tiene que ver con la IA en sí. Son de fontanería.

Estructurados. Un campo de texto libre donde cada comercial escribe el estado a su manera es ilegible para cualquiera, humano o no. Diez estados posibles y bien definidos valen más que un campo abierto, y la diferencia no es de orden: es que uno se puede consultar y el otro hay que interpretarlo caso por caso.

Ordenados, con una sola definición de cada cosa. No dos tablas llamadas igual en sistemas distintos. Si marketing llama contacto a una persona y ventas llama cuenta a una empresa, y nadie ha decidido cómo se relacionan, cualquier pregunta que cruce las dos se contesta a mano.

Sin duplicados. Aparecen siempre, por el mismo cliente dado de alta dos veces, por el correo con una errata, por la empresa que cambió de nombre. Tres fichas incompletas del mismo cliente no son tres respuestas: son ninguna, y son peores que una ficha vacía porque dan falsa sensación de que el dato está.

Con un proceso de limpieza detrás, no una limpieza puntual. Esto es lo que más se incumple. Se hace una gran limpia al migrar, todo el mundo queda contento, y a los diez meses está como antes porque nadie tenía el encargo de mantenerlo. Limpiar es una rutina con dueño, no un proyecto.

Conectados entre sí. Es el punto que más vale y el que más se ignora. Un contacto que no enlaza con su empresa, su empresa con su oportunidad, la oportunidad con el proyecto y el proyecto con la factura es un registro muerto: dice quién es alguien y no dice nada de la relación. El contexto no está en los campos, está en las uniones.

La idea de fondo es sencilla: ponérselo lo más fácil posible. Cuanto menos tenga que adivinar quien lee esos datos, mejor va a prescribir, y eso vale igual para un comercial nuevo que para un modelo.

Ninguna de las cinco se arregla comprando. Las cinco se deciden, y se pueden decidir hoy con las herramientas que ya tenéis. Es la parte del trabajo que merece la pena hacer aunque al final no construyáis nada, y la que casi siempre se salta porque es la aburrida.

Los cuatro caminos, y lo que nos costó cada uno

Dos herramientas especializadas

Cada equipo con la suya, cada una buena en lo suyo.

Funciona mientras marketing y ventas no necesiten la misma ficha, que es hasta el primer mes.

Se rompe en la duplicidad. No es que haya dos fichas, es que las dos están incompletas de formas distintas, y cualquier informe que cruce las dos fuentes hay que hacerlo a mano y con criterio.

Cuándo tiene sentido. Equipos grandes y muy separados, con una integración seria entre los dos sistemas y alguien que la mantenga.

Una sola herramienta para todo

El reflejo lógico, y el que tuvimos nosotros.

Funciona para acabar con la duplicidad, y eso ya es bastante.

Se rompe por donde no se espera: no en lo que hace mal, sino en que no hace nada especialmente bien. Una suite que cubre marketing y ventas suele ser aceptable en los dos y buena en ninguno. Y sigue sin saber nada de lo que pasa después de la venta, que es donde está la mitad del contexto.

Cuándo tiene sentido. Operativa estándar y equipo pequeño. Para mucha gente, esto es exactamente lo correcto y no hay que darle más vueltas.

Un CRM de código abierto

El paso intermedio que probamos. Se instala, se parametriza, no hay suscripción por usuario.

Funciona para quitar el coste recurrente y recuperar el control del dato, que no es poco.

Se rompe en que sigue siendo el modelo de datos de otro. Lo que personalizáis encima es vuestro, pero el concepto de qué es una oportunidad, un contacto o una cuenta viene puesto, y adaptarlo a una operativa que no se parece cuesta más que empezar.

Cuándo tiene sentido. Cuando el problema es el precio y la operativa sí encaja con lo estándar.

Uno propio, unido al resto

Donde acabamos. No un CRM aislado: la ficha del cliente viviendo en el mismo sitio que el proyecto, las horas y la factura.

Funciona porque el modelo de datos es el vuestro. Un cliente es lo que vosotros llamáis cliente, con los estados que tenéis de verdad, y el contexto está completo porque nada vive fuera.

Se rompe si se plantea como reconstruir un CRM. Nadie necesita rehacer la secuencia de correos ni el gestor de campañas, que existen, son baratos y funcionan bien. Lo que se construye es el núcleo y las uniones.

Cuándo tiene sentido. Cuando hay operativa propia que modelar, y eso pasa antes de lo que la gente cree.

La comparación

Dato completo Encaja con vuestra operativa Coste recurrente Coste de salir Esfuerzo inicial
Dos herramientas No Parcial Doble Alto Bajo
Una suite Parcial Regular Por usuario Muy alto Bajo
Open source Parcial Regular Infraestructura Medio Medio
Propio e integrado Sí Sí Infraestructura Ninguno Medio

El coste que no se ve hasta que intentas irte

Esto es lo que más nos sorprendió, y es la razón por la que estas herramientas son más caras de lo que parecen.

Una suscripción de CRM se compara por su precio mensual. Lo que no se compara es lo pegajosa que es, y lo es por dos vías a la vez.

Pegajosa en datos. La exportación os devuelve contactos y oportunidades. No os devuelve las automatizaciones, los campos calculados, los informes que alguien montó, el histórico de actividad con su contexto ni las integraciones. Todo eso hay que rehacerlo, y nadie lo presupuesta al entrar.

Pegajosa en operativa. Al cabo de dos años, vuestro proceso comercial no es el que diseñasteis: es el que la herramienta permite. La gente ha aprendido sus pantallas, sus informes se presentan en comité y sus limitaciones se han convertido en costumbres. Salir no es migrar datos, es cambiar cómo trabaja la gente.

Juntad las dos cosas y el precio real de un CRM no es la suscripción: es la suscripción más el coste de no poder irse, que crece todos los meses. Esa es la partida que hace que la cuenta de construir salga mejor de lo que parece sobre el papel.

Qué ha cambiado para que esto sea viable

Siendo justos con quien decidió lo contrario hace unos años: tenía razón entonces.

Construir un CRM significaba construir todo. El modelo de datos, las pantallas, los permisos, los informes, el calendario, la integración con el correo. Eran meses de equipo y el resultado era peor que lo que se compraba por una suscripción. La decisión correcta era comprar, casi siempre.

Lo que ha cambiado es que esa parte, escribir el código, cuesta hoy una fracción. Las pantallas, las validaciones, las integraciones y las pruebas eran la mayoría de las horas de cualquier presupuesto, y un equipo que trabaja con generación asistida las entrega en una porción del tiempo.

Lo que no ha cambiado es lo demás. Entender vuestra operativa comercial sigue costando reuniones. Ponerse de acuerdo en quién es el cliente cuando quien compra y quien paga no son el mismo sigue siendo una conversación difícil. Y alguien tiene que ser dueño de eso.

La consecuencia práctica: el umbral se ha movido mucho hacia abajo. Una empresa de treinta personas puede permitirse hoy un sistema propio que hace cinco años solo tenía sentido a partir de varios cientos. Si descartasteis esto en su día por presupuesto, la cuenta que hicisteis ya no es válida.

Y conviene decir lo incómodo: cuando construir es barato, es fácil construir cosas que no deberían existir. Mantenerlas no se ha abaratado en la misma proporción.

A quién le decimos que no

A una empresa en fase muy inicial, que todavía solo hace marketing y no tiene equipo comercial.

Ahí no hay operativa que modelar, porque la operativa aún no existe. Lo que hace falta es una herramienta gratuita de catálogo, de las que hay varias buenas, y dedicar el esfuerzo a conseguir clientes. Construir en ese momento es modelar un proceso que vais a cambiar tres veces en seis meses.

A partir de que hay gente vendiendo y procesos que son vuestros, la conversación cambia. Y esa frontera llega antes de lo que la mayoría supone.

Cómo lo plantearíamos

Lo que no haríamos es empezar por el software. Empezaríamos por esto, en este orden:

  1. El recorrido de un cliente real, en una hoja, atravesando los sistemas que atraviesa hoy. Es gratis y es lo que enseña dónde está partido el dato.
  2. Decidir qué es un cliente. Si el grupo es el cliente o lo son sus centros. Si quien compra y quien paga son la misma ficha. Esa decisión condiciona todo lo demás y cambiarla después es carísimo.
  3. Mirar qué parte es estándar. Secuencias de correo, formularios, firma. Eso se compra, siempre, y se conecta.
  4. Construir el núcleo, que es la ficha de cliente unida a lo que pasa después de la venta.
  5. Medir una cosa: cuántas preguntas sobre una cuenta se responden sin abrir una segunda pantalla. Si esa cifra no sube, el proyecto no ha servido, por bonito que haya quedado.

Si queréis el paso previo, ordenar los datos antes de decidir herramienta, está en gestión documental para empresas. Si el problema es que los sistemas no se hablan, en integración de ERP con el resto de sistemas.

Preguntas frecuentes

¿Compensa construir un CRM propio?

Hace cinco años, casi nunca. Hoy, en bastantes más casos de los que la gente supone. Lo que ha cambiado no es que construir sea gratis, es que la parte cara de construir, escribir el código, cuesta una fracción de lo que costaba, mientras que las suscripciones por usuario siguen subiendo y el coste de salir de una herramienta sigue siendo el mismo. La cuenta que hicisteis en su día está desactualizada.

¿Qué pasa con los datos si cambio de CRM?

Salen, pero no salen enteros. La exportación trae contactos y oportunidades, y deja fuera lo que convierte un CRM en vuestro: las automatizaciones, los campos calculados, el histórico de actividad con su contexto y las integraciones. Eso hay que rehacerlo, y es la razón por la que mucha gente se queda en una herramienta que ya no le sirve.

¿Qué empresa no debería plantearse un CRM propio?

Una en fase muy inicial, que solo hace marketing y todavía no tiene equipo comercial. Ahí no hay operativa que modelar y cualquier herramienta de catálogo, incluso gratuita, sobra. A partir de que hay gente vendiendo y procesos propios, la conversación cambia.

¿Por qué importa tanto cómo están estructurados los datos del cliente?

Porque la IA que prescribe o actúa necesita contexto, y el contexto es exactamente eso: quién es el cliente, qué se le ofertó, qué se le entregó y qué pasó después. Si eso vive partido entre tres herramientas con tres criterios distintos, no hay modelo que lo arregle. Es la capa de abajo, y hoy decide más que las funcionalidades.

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